Si Steins;Gate es tu anime favorito, tu alineamiento político es el Liberalismo Radical (o Libertarismo de garaje). La serie emana unas vibras de "no pises mi propiedad privada ni mi microondas" que son inconfundibles. Okabe Rintarou es el héroe liberal definitivo: un emprendedor autónomo que opera desde un laboratorio ilegal en un piso alquilado, ignorando cualquier tipo de regulación sanitaria o científica. El fan de esta serie es esa persona que cree fervientemente que el progreso humano no vendrá de las instituciones públicas ni de grandes comités, sino de un tipo con bata blanca que bebe demasiado Dr. Pepper y que tiene suficiente autismo funcional como para hackear la realidad misma. En el diagrama de Nolan, estás en el extremo superior porque tu mayor miedo es que "La Organización" (el Estado) te ponga impuestos por viajar en el tiempo.
Entrando en spoilers, la trama confirma que el villano de la serie es, básicamente, el monopolio estatal totalitario llevado al extremo cuántico. SERN (la parodia del CERN) es representado como una entidad burocrática y globalista que quiere colectivizar el tiempo mismo para establecer una dictadura perfecta en el futuro. Para un fan de Steins;Gate, no hay nada más terrorífico que una institución pública con presupuesto ilimitado controlando el "reloj" de la humanidad. La lucha de Okabe es la lucha por la libre competencia de líneas temporales: él no quiere que el destino esté planificado por un comité central; él quiere que el individuo tenga el derecho a equivocarse, a sufrir y a elegir su propio "World Line" sin que un satélite del gobierno le caiga encima a su mejor amiga. Finalmente, el desenlace de la serie y el concepto del "Steins Gate" es el triunfo definitivo de la soberanía individual sobre el determinismo colectivo. Okabe rechaza tanto el futuro distópico de SERN como el destino trágico impuesto por la convergencia, decidiendo que él mismo, a través de su propia voluntad y conocimiento técnico, creará una tercera vía.
El fan de Steins;Gate se sitúa políticamente como alguien que confía más en el cifrado de datos y en un servidor casero que en cualquier programa electoral. Su alineamiento es el de "dejado de la mano de Dios pero con acceso a internet": alguien que cree que el mundo se salva con iniciativa privada, saltos temporales no regulados y, sobre todo, asegurándose de que el Estado nunca, jamás, ponga sus manos sobre su teléfono móvil.