Desde un punto de vista de intención, One Piece es un manifiesto del individualismo vitalista. Representa el romanticismo de la aventura frente a la seguridad del sistema. La obra destila la premisa de que "nadie tiene derecho a decirle a otro cómo debe vivir su vida", siempre que ese otro esté persiguiendo su sueño. Es el triunfo del deseo personal sobre la estabilidad colectiva y el orden estatal.
El núcleo político de la obra reside en la figura de los Tenryuubito, quienes representan una aristocracia estamental que se sitúa literalmente por encima de la humanidad. El Gobierno Mundial opera mediante un sistema de "Tributo Celestial", una forma de fiscalidad extractiva extrema que condena a la miseria a los países que no pueden pagarlo. Es un análisis del Estado no como protector, sino como una estructura de saqueo institucionalizado que protege a una casta parasitaria.
Frente a esto, Luffy actúa como un anarquista individualista. Luffy define al "Rey de los Piratas" no como aquel que gobierna todo, sino como la persona más libre. La introducción de conceptos como "Joy Boy" eleva esta ideología a un plano casi metafísico: la libertad como una fuerza de la naturaleza que trae alegría. La obra propone la política de la auto-propiedad absoluta y la rebelión estética contra cualquier organismo centralizado que decida qué parte de la historia se puede leer.