Si Naruto es tu anime favorito, tu alineamiento político es el Conservadurismo Militarista (en su vertiente de "Nepotismo de Linaje y Nacionalismo del Fuego"). Las "vibes" de esta serie son engañosamente rebeldes: el protagonista viste de naranja chillón y pinta el equivalente al Monte Rushmore con spray, pero su sueño no es desmantelar un sistema opresivo de niños soldado, sino convertirse en el director general de dicho sistema. El fan de Naruto es esa persona que cree que las instituciones y el Estado policial están perfectos, el único problema es que el alcalde no es su amigo de la infancia. En el diagrama de Nolan, estás hundido en el cuadrante inferior derecho: valoras la lealtad a la bandera (la "Voluntad del Fuego") por encima de todo y crees que la mejor forma de tratar los problemas diplomáticos internacionales es gritando discursos motivacionales antes de lanzar un misil de energía con forma de shuriken.
La trama política de la serie es el sueño húmedo de un Régimen Autoritario de Derechas. Empecemos por los Exámenes Chunin: básicamente, la aldea organiza combates a muerte entre niños de 12 años para impresionar a los señores feudales y conseguir mejores contratos militares en el libre mercado de los mercenarios. Y si hablamos de seguridad nacional, la masacre del Clan Uchiha es la justificación definitiva del terrorismo de Estado. Los altos mandos de Konoha decidieron que la mejor forma de evitar una huelga sindical (o un golpe de estado) de la policía local era ordenarle a un adolescente que genocidara a su propia familia. Si te gusta esto, crees firmemente en la "razón de Estado" y justificas cualquier atrocidad si viene con una excusa de mantener el sagrado orden social.
El final de la serie confirma que, en el fondo, Neji tenía razón y el sistema de castas es invencible. Lo que empezó como un cuento de "el esfuerzo del marginado vence al talento natural" termina revelando que Naruto es el hijo del Cuarto Presidente, descendiente de un linaje de élite y la reencarnación literal del hijo del Dios Ninja. La "revolución" de Naruto consiste en mantener intacto el sistema de aldeas militares ocultas, pero poniendo a todos sus amigos en los puestos de poder (nepotismo puro y duro). Tu política es la de "la aristocracia mística": crees que el derecho divino a gobernar existe, que los linajes de sangre definen tu valor en la sociedad y que perdonarás a cualquier criminal de guerra internacional (como Orochimaru o Sasuke) siempre y cuando forme parte de la élite de tu pueblo.