Si Hajime no Ippo es tu anime favorito, tu alineamiento político es el Conservadurismo de "vivan los valores de toda la vida". La serie tiene unas "vibes" de respeto absoluto a la jerarquía, a las instituciones (el gimnasio Kamogawa) y a la figura del mentor/padre que te grita mientras te pegas con un saco de arena. El fan de Ippo es esa persona que cree que los problemas del mundo se solucionarían si todos tuvieran una rutina de entrenamiento de 12 horas, disciplina de hierro y un profundo respeto por sus mayores. En el diagrama de Nolan, estás en el lado de la autoridad porque crees que el orden emana del gimnasio y que la libertad sin disciplina es solo un camino directo a ser un "tirillas" sin futuro. Para ti, el progreso no es una ley social, es hacer 100 abdominales más que ayer.
Entrando en spoilers, la serie refuerza este conservadurismo a través del "espíritu de lucha" japonés de la vieja escuela. La historia de origen de Kamogawa y Nekota tras la Segunda Guerra Mundial es básicamente un himno a la reconstrucción nacional a través del sacrificio físico. No hay nada más conservador que ver a un anciano pegarle a un poste de madera en el bosque para demostrar que la voluntad humana es superior a la tecnología moderna. Si te gusta esto, probablemente veas el mundo como un lugar donde la justicia solo existe dentro del cuadrilátero, porque es el único sitio donde las reglas son claras, el árbitro es la autoridad suprema y no hay "atajos" progresistas: o entrenas el Dempsey Roll hasta que te sangren los pies, o muerdes la lona.
Finalmente, el arco del retiro de Ippo y la presencia de Takamura como el "macho alfa" definitivo terminan de sellar el trato. Takamura es la encarnación de la jerarquía natural: él es fuerte, él gana, él manda, y su palabra es ley porque ha demostrado ser el mejor en la pirámide. El fan de Hajime no Ippo se posiciona como un defensor de la meritocracia pura y dura; para ti, el que Ippo cruce o no "la línea para convertirse en un monstruo" es una cuestión de responsabilidad individual y valores tradicionales de hombría. Tu alineamiento es el de alguien que sospecha de cualquier cambio social que no venga acompañado de una buena dosis de sudor, sangre y un discurso motivacional sobre el honor, posicionándote como un guardián de las esencias en un mundo que, según tú, se ha vuelto "demasiado blando".