Si Gachiakuta es tu obra favorita y nos movemos en esas coordenadas, tu alineamiento político es el Anarquismo Mutualista (o Libertarismo de Trinchera). Las "vibes" aquí son de que el Estado es una élite extractiva que te tira su basura a la cabeza, pero la solución no es montar una multinacional en el vertedero, sino crear una comunidad horizontal. El fan de esta serie es esa persona que quiere que el gobierno desaparezca de su vida personal por completo, pero que económicamente pasa del egoísmo de Wall Street: prefiere el trueque, el apoyo mutuo y compartir la sopa con el vecino de la chabola. En el diagrama de Nolan, estás justo en el techo, un pelín a la izquierda: un punki de manual que cree que la libertad no se compra con acciones, sino que se forja sobreviviendo al margen del sistema.
La existencia de los Limpiadores encaja a la perfección con este modelo cooperativista. No son una empresa de mercenarios que busquen maximizar sus beneficios económicos a costa de los débiles, sino una especie de sindicato anarquista de defensa. Operan en una zona donde la economía financiera no existe (un 3 neutro: hay intercambio y propiedad de tus cosas, pero nadie acumula capital). Si te gusta esto, crees firmemente que cuando el Estado de Bienestar (o la Ciudad del Cielo) te abandona y te criminaliza, la única forma de sobrevivir es organizando a tu comunidad desde abajo, sin jefes supremos, protegiendo el barrio a base de batazos y solidaridad de clase.
El concepto de los "Instrumentos Vitales" (Jinki) es la máxima expresión de la Propiedad Personal frente a la Propiedad Privada Capitalista. En el capitalismo salvaje, algo vale lo que el mercado esté dispuesto a pagar. Pero en Gachiakuta, un objeto obtiene poderes nucleares exclusivamente por el "valor de uso" y el cariño emocional que tú, como individuo, le has puesto. No puedes vender un Jinki para hacerte rico; si pasa a manos de un especulador, vuelve a ser basura inútil. Tu política es la de "mi alma está en mis zapatillas rotas": defiendes la soberanía individual absoluta, rechazando tanto el comunismo de Estado que te dice qué debes tener, como el capitalismo de consumo que te dice qué debes comprar, encontrando la utopía en darle valor a lo que el sistema ha descartado.