Si juzgamos a un fan de Chainsaw Man solo por las "vibes" de la primera parte, lo situamos directamente en el rincón más oscuro del Totalitarismo, pero uno muy específico: el de "por favor, que alguien tome todas las decisiones de mi vida porque yo solo tengo una neurona y tiene hambre". Denji es el ejemplo perfecto de la pérdida absoluta de autonomía individual a cambio de necesidades básicas; es básicamente el contrato social de Hobbes, pero en lugar de ceder tus derechos a un Leviatán para que no te maten, se los cedes a una funcionaria pública con ojos bonitos a cambio de una rebanada de pan con mermelada. Si CSM es tu anime favorito, tu alineamiento político es el de alguien que está tan cansado del capitalismo tardío y de elegir qué cenar que aceptaría vivir bajo una dictadura absoluta siempre que el uniforme sea un traje elegante y te prometan un abrazo al final del día.
Entrando en spoilers de la primera temporada y el manga, la serie se convierte en una metáfora loquísima de cómo el Estado (encarnado en Makima, la Demonio del Control) nos pastorea. El "Totalitarismo" aquí no es de tanques y desfiles, sino de gaslighting sistémico. Makima es la personificación de la seguridad a cambio de la sumisión: ella quiere un mundo "perfecto" sin hambre, muerte ni guerra, lo cual suena muy bien, pero su método es convertir a todo el mundo en sus perros falderos (literalmente). Si te gusta esto, probablemente creas que la democracia es demasiado ruidosa y que lo ideal sería que una inteligencia artificial superior (o una pelirroja con planes secretos) manejara el presupuesto del Estado mientras tú te dedicas a pelear contra demonios-tomate en un callejón.
Finalmente, el giro de la trama con el Demonio Pistola y el control total de los medios y la vida pública confirma que en el universo de Fujimoto no existe la libertad, solo diferentes niveles de correa. El fan de Chainsaw Man se posiciona políticamente como un "Totalitario Pasivo": alguien que entiende que el sistema te va a devorar de todas formas (a veces de forma literal, como Denji se "devora" sus problemas al final), así que prefiere que el régimen sea estéticamente impecable. Al final, la serie nos dice que incluso cuando intentas ser libre, terminas cuidando de siete perros y una reencarnación del control estatal en un piso pequeño; es la aceptación de que la soberanía individual es un mito y que todos somos, en el fondo, empleados públicos no remunerados de nuestras propias obsesiones. En el diagrama de Nolan, el fan de CSM está tan abajo a la derecha en la escala de "quiero que me manden" que ha dado la vuelta y ha inventado una nueva forma de autoritarismo basada en el trauma y los desayunos equilibrados.