Si Blue Lock es tu anime favorito, tu alineamiento político es el Liberalismo Radical (en su vertiente de "Egoísmo Objetivista y Sigma Grindset"). La serie emana unas "vibes" de que la sociedad es un lastre que intenta frenar tu genialidad individual bajo la excusa del "bien común". Si te encanta esto, probablemente creas que los impuestos son un castigo al talento y que el compañerismo es solo un invento de la gente que no sabe meter goles por su cuenta. En el diagrama de Nolan, estás en la cima: crees en la libertad personal absoluta para ser un "monstruo" egocéntrico y en una economía de meritocracia salvaje donde el que no rinde al 100% merece ser expulsado del sistema sin indemnización.
El proyecto de Jinpachi Ego es la representación perfecta de un Mercado de Futuros Humano. Blue Lock funciona bajo la premisa de que las carreras de 299 jóvenes deben ser destruidas y "liquidadas" profesionalmente para que un solo individuo alcance el valor máximo. Es la destrucción creativa de Schumpeter aplicada al fútbol: tienes que quemar el sistema viejo y colaborativo para que surja el delantero definitivo. Si amas esto, tu política es la de "el ganador se lo lleva todo": no quieres una red de seguridad social, quieres un entorno lo suficientemente hostil como para que solo los que tienen el "ego" más grande sobrevivan, convirtiendo la competencia en la única ley válida.
La batalla contra la Selección Sub-20 de Japón es el triunfo definitivo del Individualismo frente al Institucionalismo. Los protagonistas no ganan por amor a la bandera o por seguir las órdenes de una federación corrupta, sino porque cada uno decide entrar en "estado de flujo" para devorar al rival y brillar más que el de al lado. Al final, la serie nos dice que incluso las instituciones públicas deben ser "hackeadas" por individuos con talento superior para que el país progrese. Tu política es la de "yo soy el dueño de mis goles": crees que el mundo se mueve gracias a las personas que se atreven a ser egoístas y que cualquier intento de colectivizar el éxito es, en realidad, un insulto a la excelencia individual.